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Roble inglés del Bosque prohibido cercano a Howarths |
Era
el primer día de otoño cuando la puerta del desván se abrió lentamente, y la
sombra de una silla destartalada empezó a moverse. Estuvo eones en esa mansión
y sin pensarlo bajó las escaleras serpenteando y se escapó. La silueta observó
el mundo por primera vez: cómo era el lecho de un río, su ínfimo sonido, el
vuelo de las golondrinas…
La
sombra se mimetizó con un gorrión; sobrevoló todo el prado y llegó como un
polizón a las nubes. Finalmente, alcanzó la ciudad, abandonó el ave y se
convirtió en el perfil de un coche. Recorrió la carretera, escuchó el estruendo
de los coches, el traqueteo del tren; contempló el resplandor del sol y los
altos edificios.
El
automóvil llegó a un pueblo perdido en las montañas y la imagen se marchó del
coche. El viento agitó la hierba del campo; la sombra formó el perfil de un
fruto de diente de león, y la tenue brisa lo movió. Atravesó todo el pueblo y
alcanzó un enorme roble que se encontraba en el centro del pueblo. Era conocido
como “el gran árbol”, la sombra descubrió el final de su travesía, se tornó en
la figura de aquel roble y descubrió como el viento otoñal se llevaba las hojas
de ocre. Por fin, logró su cometido.