martes, 22 de octubre de 2019

EL VIAJE DE LA SOMBRA. UN RELATO DE ALEJANDRO SÁNCHEZ CID. 2º E

Roble inglés del Bosque prohibido cercano a Howarths


Era el primer día de otoño cuando la puerta del desván se abrió lentamente, y la sombra de una silla destartalada empezó a moverse. Estuvo eones en esa mansión y sin pensarlo bajó las escaleras serpenteando y se escapó. La silueta observó el mundo por primera vez: cómo era el lecho de un río, su ínfimo sonido, el vuelo de las golondrinas…

La sombra se mimetizó con un gorrión; sobrevoló todo el prado y llegó como un polizón a las nubes. Finalmente, alcanzó la ciudad, abandonó el ave y se convirtió en el perfil de un coche. Recorrió la carretera, escuchó el estruendo de los coches, el traqueteo del tren; contempló el resplandor del sol y los altos edificios.

El automóvil llegó a un pueblo perdido en las montañas y la imagen se marchó del coche. El viento agitó la hierba del campo; la sombra formó el perfil de un fruto de diente de león, y la tenue brisa lo movió. Atravesó todo el pueblo y alcanzó un enorme roble que se encontraba en el centro del pueblo. Era conocido como “el gran árbol”, la sombra descubrió el final de su travesía, se tornó en la figura de aquel roble y descubrió como el viento otoñal se llevaba las hojas de ocre. Por fin, logró su cometido.

LA SOMBRA. UN RELATO DE INÉS PORRÚA GALINDO 2º E




Relato basado en el cuento de Paloma Orozco, La sombra que quiso viajar

Aquella sombra estaba harta de ser siempre lo mismo y estar todos los días, los meses, los años… en su propio sitio. Desde hacía mucho tiempo, sus luces eran titilantes. Esta figura se posaba en el alto techo de la entrada de una vivienda familiar. Pero, lo que quería esta silueta era estar como en sus momentos felices, limpia, brillante y magnífica; y dejar de ser ínfima y de tenerse que mimetizar.

De vez en cuando escuchaba a los dueños de la vivienda decir que tenían que cambiar esa lámpara fea. Ésta se ponía triste al escuchar estas palabras.

Un día, los dueños se acicalaron, se fueron de la casa, y la sombra se quedó a oscuras. Cuando volvieron, empezaron a comentar algo sobre una casa que habían visitado y que les había gustado mucho. Una niña dijo que el lecho era muy cómodo y que la casa tenía muy buenas vistas.
Al día siguiente, toda la familia empezó a recoger las cosas de la casa y a meterlas en cajas, la sombra no entendía nada y de repente cerró los ojos y cuando los abrió… Estaba en otra casa diferente y más bonita. Los tonos de las paredes eran ocres y tostados. Se dio cuenta también de que ya brillaba y lucía.

A partir de ese momento toda la familia estuvo feliz, incluida la figura, y lo celebraron con una fiesta de bienvenida con serpentinas.
Desde entonces, la sombra se dio cuenta de que había logrado su meta.

domingo, 6 de octubre de 2019

ME GUSTA...NO ME GUSTA. Un texto de Rocío Andrés. 1ºE

Enlace de la foto

Me gusta sentir el cambio de temperatura cuando entras al agua de golpe en verano, saltar en una cama elástica y sentir cómo, por un pequeño momento, estoy volando, despertarme pronto solo para sentir mi respiración tranquila y serena, leer un libro e intentar imaginar a los personajes, mirar las estrellas y pensar en la posible vida extraterrestre, ponerme la mano en el corazón y sentir mis latidos,hablar con mis amigos y pedirles consejos, leerle un cuento a mi hermana pequeña hasta que se queda profundamente dormida, el ronroneo de mi gata cuando se tumba en mi regazo y ver el sol ponerse en mi jardín

No me gusta quedarme en blanco, tener las uñas demasiado cortas, que me ignoren, las canciones sexistas, machistas y ofensivas, mis largos suspiros cuando estoy aburrida, la ropa sucia después de Educación Física, las tapas de los bolígrafos mordisqueados y la gente intolerante

lunes, 30 de septiembre de 2019

EL ROBOT PERDIDO. UN RELATO DE LUCÍA PÉREZ ISLA. 2ºE



Voltaje cultural



En el año 3068 unos robots fueron construidos y programados para estudiar a fondo la historia de la humanidad ya que los archivos habían sido borrados.
Todos fueron en una máquina del tiempo construida hace unos pocos años, pero en el trayecto uno de ellos no llegó bien y acabó entre unos arbustos “escacharrado”. Hasta que un día un niño llamado Nicolás, mientras paseaba a su perro, descubrió una pieza extraña sobresalir de los arbustos, se acercó y se encontró con algo que jamás había visto. Pero la curiosidad que tenía era tan grande que decidió llevárselo a su casa para analizarlo.
Después de unos meses, Nicolás había observado los mecanismos y consiguió arreglarlo. Lo llamó Robert.
Al “despertar”, estaba temeroso de no saber dónde estaba ni qué le había sucedido, pero Nicolás le explicó todo lo que él conocía. Aún así, después de explicárselo, Robert seguía sin recordar nada.
Pasaba el tiempo y Robert seguía con Nicolás, al que empezó a coger cariño, de tal manera que consiguió que Robert tuviese emociones, convirtiéndolo en un robot alegre, sincero y un poco discreto; pero, sobre todo, muy curioso como Nicolás.
Sin embargo, uno de los días en los que estaba tranquilamente esperando el regreso de Nicolás, le vinieron pequeños recuerdos a la cabeza hasta que se acordó de lo que había sucedido. Triste de recordar cuál era su función, decidió marcharse sin que Nicolás lo descubriera; pero, como era tan honesto y leal a su dueño y amigo, decidió escribirle una carta, explicándole todo. Al leerla no se podía creer lo que estaba leyendo, pero decidió continuar su camino, y por mucho que intentase olvidarse de Robert, no pudo.