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Voltaje cultural |
En
el año 3068 unos robots fueron construidos y programados para
estudiar a fondo la historia de la humanidad ya que los archivos
habían sido borrados.
Todos
fueron en una máquina del tiempo construida hace unos pocos años,
pero en el trayecto uno de ellos no llegó bien y acabó entre unos
arbustos “escacharrado”. Hasta que un día un niño llamado
Nicolás, mientras paseaba a su perro, descubrió una pieza extraña
sobresalir de los arbustos, se acercó y se encontró con algo que
jamás había visto. Pero la curiosidad que tenía era tan grande que
decidió llevárselo a su casa para analizarlo.
Después
de unos meses, Nicolás había observado los mecanismos y consiguió
arreglarlo. Lo
llamó Robert.
Al
“despertar”, estaba temeroso de no saber dónde estaba ni qué
le había sucedido, pero Nicolás le explicó todo
lo que él conocía. Aún así,
después de explicárselo, Robert seguía sin recordar nada.
Pasaba
el tiempo y Robert seguía con Nicolás, al que empezó a coger
cariño, de tal manera que consiguió que Robert tuviese emociones,
convirtiéndolo en un robot alegre, sincero y un poco discreto; pero,
sobre todo, muy curioso como Nicolás.
Sin embargo,
uno de los días en los
que estaba
tranquilamente esperando el
regreso de Nicolás, le
vinieron pequeños recuerdos a la cabeza hasta que se acordó de lo
que había sucedido. Triste de recordar cuál era su función,
decidió marcharse sin que Nicolás lo descubriera;
pero, como era tan honesto y leal a su dueño y amigo, decidió
escribirle una carta, explicándole todo. Al leerla no se podía
creer lo que estaba leyendo, pero decidió continuar su camino, y por
mucho que intentase olvidarse de Robert, no pudo.